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¿Listo para una relación abierta?

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¿Listo para una relación abierta?

El verdadero problema, explica Chiaraviglio, radica en involucrar sentimientos cuando se tiene una relación abierta.

La ciencia afirma que no somos monógamos y que el amor tarde o temprano muere. Pero los prejuicios y la programación social tienen una vida más larga.

Seguro que en algún momento te ha generado curiosidad la idea de tener una “relación abierta” o “poliamorosa”.

A simple vista, una relación abierta y una poliamorosa parecieran lo mismo. Sin embargo, hace falta distinguir entre ambas: las relaciones abiertas son exclusivamente sexuales; es decir, que sus participantes mantienen sólo una relación afectiva de amor y varias eróticas. En el caso del poliamor, se busca construir lazos afectivos amorosos y sexuales con más de una persona. Aquí conviene preguntarte, ¿cuál de ellas es para ti?

Cambio de chip

En nuestra edición Especial de Sexo, publicada en septiembre, el 28 % de las personas encuestadas reconocieron haber sido infieles al menos una vez. La monogamia es mucho más complicada de lo que se cree, porque hay quienes, más allá de preceptos morales, consideran que el ser humano es polígamo por naturaleza.

De ahí que existan parejas que hayan adoptado estilos de vida como el Swinger, Cuckold (Cornudos consensuados) o las relaciones abiertas, para sacar adelante esa constante necesidad de relacionarse sexualmente con otras personas.

Ahora, dar este paso resulta mucho más complicado de lo que se piensa. De aquí que las relaciones abiertas, más allá de contravenir un tabú o percibirse como un síntoma de falta de compromiso, también representan para quienes sienten curiosidad, un temor a romper con el dogma de la fidelidad, en pos de construir nuestro propio universo sexual.

“Para que una relación de pareja pueda abrirse a incluir a otras personas en su mundo, ya sea sexual, emocional o ambas, necesita cambiar esta forma de percibir la vida, porque la jerarquía siempre va a llevar las cosas unilaterales, generalmente no recíprocas”, nos cuenta Nilda Chiaraviglio, autora del libro Parejas En Construcción y Psicoterapeuta con Maestría en Sexología, Orientación y Terapia Sexual.

No es como en las películas

Luego de muchos años de un aparente feliz matrimonio, su esposa le confiesa que ha tenido fantasías sexuales con otro hombre. Así comienza el dilema del Doctor Bill Harford, interpretado por Tom Cruise en la película Ojos bien cerrados, quien en venganza por la revelación de su mujer, terminará adentrándose en una odisea nocturna que lo llevará a relacionarse con una misteriosa secta sexual de altas jerarquías.

El intento de Harford y su mujer por satisfacer sus más oscuras fantasías fuera del matrimonio, termina siendo un fracaso.

“Su problema debió terminar en el momento mismo en que ambos se plantearon: ahora que ya sabemos que se nos puede antojar otra persona, ¿qué vamos a hacer? Porque todos los seres humanos, en algún momento de la vida, sentiremos atracción por otra persona. Biológicamente somos bisexuales y polígamos”, asegura la experta. A su consultorio han llegado decenas de personas confesando sentir “debilidad” por alguien diferente a su pareja. Tal como lo vimos en el último largometraje de Stanley Kubrick.

El jueves no vale

Una relación abierta, desde la educación tradicional, podría representar un sueño de placer sin límites. Sin embargo, la fantasía se termina cuando los cadáveres emocionales salen a flote. Perder el control sobre una persona de la que nos sentimos dueños, es una idea a la que no es sencillo enfrentarse. Sobre todo si nuestras relaciones siempre se han basado en la exclusividad sexual. Pero, subraya la experta, todo se puede arreglar con una buena comunicación. Si desde que se toma la decisión de abrir una relación existen acuerdos entre las partes y se respetan, no tendría por qué haber un mal final.

En Nueva York, muchas parejas gais siguen la regla de que “el jueves no vale”, para permitirse acostarse con otras personas, mientras que en algunas comunidades de España, hay quienes promovieron la tendencia de que una infidelidad a más de 50 kilómetros de donde se encuentre la pareja “de base”, no es infidelidad.

El verdadero problema, explica Chiaraviglio, radica en involucrar sentimientos cuando se tiene una relación abierta.

“Porque entonces, el amor parece un queso que se reparte entre varias personas, si yo te amo a ti y pretendo amar a otra persona, entonces tú dices, ¿por qué me quitas un pedazo de mi queso? Mientras que la otra persona se quejará: ¿yo por qué tan poco queso?”.

Así, surgen muchas inseguridades, celos, envidias, miedo al abandono, rechazos y empiezan las prohibiciones. De ahí que no todos estén preparados para intentar una relación en la que ambos cuentan con la libertad de ir de cama en cama.

Olvidemos el romance

El amor romántico, el que solemos ver en las películas, es claramente monógamo y se basa en la etapa del enamoramiento. Un momento breve condenado a terminar, pues en el fondo no representa más que un proceso neurológico. De acuerdo con un estudio dirigido por Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York, luego de medir las reacciones químicas de 5,000 personas de 37 culturas diferentes, concluyó que la pasión entre dos personas tiene un máximo de vida de 30 meses. Después, comienza a desaparecer. El amor eterno no es más que una canción de Juan Gabriel.

Otro problema viene cuando se confunde el enamoramiento con el amor: “las personas suelen tomar decisiones importantes durante el enamoramiento, casándose o viviendo juntos. Compromiso que tarde o temprano se rompe, pues no es una decisión consciente, sino que es culpa de su química”.

En conclusión, para que exista una relación abierta, antes tiene que haber un cambio de mentalidad, de lo contrario, sólo se  fomentarán relaciones monógamas simultáneas. Lo aconsejable es buscar a una persona dispuesta a alimentar una forma de amor libre mediada por el respeto de los acuerdos, priorizando siempre lo que cada una de las partes necesita.

Con información de Playboy

Nilda Chiaraviglio, psicoterapeuta de relaciones de pareja, sexóloga y especialista en diversidad sexual. Autora del libro Pareja en Construcción.

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